Las ayudas públicas boicotean la innovación

Innovar es rapidez, inmediatez y agilidad. Es ese punto casi mágico en el que se alinea la tecnología, las capacidades de una empresa y las necesidades del mercado para hacer algo novedoso y rompedor. Ese punto de encuentro necesita una alineación total. Necesita una visión especial, recursos especializados, y un agrupamiento de la empresa alrededor de esa idea. Hay que lanzarse a trabajar en ese mismo momento, aislados, sin ataduras y sin cortapisas.

La financiación pública para innovar es exactamente lo contrario a esta visión. Implica adaptarse a una fecha de inicio, esperar a que salga la convocatoria y que sea concedida, comprometerse a unos entregables, a veces trabajar con socios y gestionar las relaciones y dependencias que se generan… Implica lentitud, mucha lentitud, lo que origina que ese momento mágico pase de largo y se disuelva en una maraña burocrática.

Anotación 2020-02-22 101855

Por tanto, las empresas, cuando quieren hacer algo innovador, algo verdaderamente relevante para ellas, algo que consideran que está en el momento de la disrupción tecnológica, no se deberían plantear solicitar una ayuda. Y si lo hacen, porque siempre estará el gerente que lo proponga, dicha ayuda será totalmente contraproducente y seguramente tirará por tierra la idea original.

Es necesario por tanto replantear el sistema de ayudas para la innovación.

Un ejemplo de todo esto es el llamado “efecto incentivador”, bajo mi punto de vista una auténtica lacra para las empresas. Se supone que las ayudas deben incentivar el proyecto, y por tanto éste no debe de haber comenzado hasta que sea presentada la propuesta a la administración. ¿Veis el sinsentido? Innovar es rapidez, y la administración lo que hace con esta medida es boicotear completamente buenas ideas que tienen que esperar en el cajón a que salga la ayuda de turno.

El sistema debería dejar a las empresas sus tiempos, dejar que innoven sin poner problemas a priori, y luego, más al principio o al final de ese proceso de innovación, ayudar financieramente. Lo contrario no solo no sirve para nada si no que entorpece y a veces anula la capacidad de innovación.

Para terminar os pongo un ejemplo. Esta semana hablando con un grupo de investigación se nos ocurrió una idea de proyecto bastante buena, que se alinea con nuestras capacidades y con el equipo que actualmente tenemos. Blockchain, IoT y seguridad en entornos Smart Cities. Es algo que aún no se ha desarrollado y que dicho grupo de investigación tiene controlado. Hay un mercado inmenso en este campo. ¿Siguiente paso? Esperar a que salga la convocatoria adecuada, no sabemos cuándo, pero seguramente entre 3 y 6 meses. Aplicar a dicha ayuda, 2 meses, y esperar a que salga la resolución, entre 4 y 6 meses. Con mucha suerte, esta gran idea estará guardada en el cajón casi un año. ¡Un año! Si la conceden, las ayudas marcan un calendario, es decir, no puedes agrupar todos los esfuerzos y hacer un proyecto explosivo en 4 o 5 meses. Seguramente la ayuda exija proyectos de 2 años. Por tanto, de poder hacer un proyecto ahora mismo y terminarlo en octubre de 2020, pasamos a tener los primeros resultados a principios de 2023. ¿Es esto de verdad ayudar?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s