No seas un Director de Ventación & Ventarrollo

He hablado en otros post de lo que implica ser un director de innovación zombie. Un “no-vivo” rodeado de proyectos fantasmas, al que todos le rehuyen porque les enmarrona con documentación “a generar” y cuyo objetivo es justificar algo injustificable y éticamente reprobable.

Hoy quiero hablar de otro especimen. En este caso pertenece al mundo de los vivos, existe, respira, pero su existencia carece totalmente de sentido y mira el futuro sin ilusión, sintiendo un gran vacío existencial. Se trata del Director de Ventación y Ventarrollo.

A diferencia del zombie, este director convive con proyectos reales, que se ejecutan dentro del devenir de la empresa. Tiene un equipo que ejecuta los trabajos de forma más o menos satisfactoria y piensa continuamente en nuevos proyectos. Es una máquina de presentar propuestas. Se mueve genial en el ecosistema de innovación, siendo casi como un consultor “in house”. Cada año consigue mucho dinero, que se ejecuta como proyectos dentro de su empresa. Parece todo genial, ¿verdad?

El problema viene al no tener un plan a medio plazo. Llegó a la empresa prometiendo trabajo y proyectos que iban a dejar margen y se le valora por la cantidad de dinero que genera. Es un comercial de la I+D. Carece de una estrategia, no ha definido ámbitos de actuación, ni tiene una visión de la empresa a 3 o 4 años. Básicamente ejecuta a lo loco y como mucho consigue que el equipo aprenda de una determinada tecnología que luego es olvidada al no seguir profundizando en ella.

Es por tanto un comercial más cuyos clientes son los organismos de financiación. Error. El propio Director de Innovación debe ser el cliente de sus proyectos para asegurarse que se obtienen resultados concretos para la empresa. Y los proyectos se deben agrupar en carteras de proyectos con un objetivo común.

No sabe lo que es un plan estratégico de I+D, no sabe lo que es generar valor en una empresa. La I+D debe crear productos, debe alejarse de los proyectos tradicionales de la empresa. La I+D debería ser una especie de StartUp, un espacio diferente y de riesgo. Y eso el Director de Ventación no lo entiende ni le interesa y por eso su futuro es cortoplacista. ¿Por qué he dicho antes que carece de sentido? Porque el sentido último de la I+D debe ser crear donde antes no había nada, abriendo nuevas líneas de negocio a la empresa con nuevos productos o servicios. Y este Director de Ventación desaparece en la ejecución de los proyectos, no es el cliente interno, y solo quiere que se justifiquen correctamente.

No trabaja la transferencia a los verdaderos comerciales porque de su trabajo no surge nada de valor que vender. Y no lo hace porque no tiene un plan y por tanto no establece a la hora de pedir financiación una estrategia tecnológica clara ni apuesta por poner foco en ninguna tendencia.

Lógicamente el Director de Ventación es claramente mejor que el Director de Innovación Zombie, pero sigue sin saber aprovechar el gran potencial que tiene una correcta y coherente gestión de la I+D.

Pd: Permitidme que en los tiempos del Brexit y el empuje de necios nacionalismos os recomiende leer a Stefan Zweig, pensador de mediados de siglo que amaba el concepto de una Europa unida por encima de las nacionalidades y tuvo que sufrir dos guerras mundiales entre naciones que él consideraba hermanas. Se suicidó en Brasil creyendo que el nazismo se extendería a todo el planeta. Uno de sus mejores libros es El mundo de ayer

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